Me gusta escribir la palabra hendidura. En este último mes creo haberla escrito en dos poemas. No quiero tener que borrar ninguna de los dos, porque disfruto escribirla. Hendidura no es lo mismo que grieta, no existen sinónimos en la poesía. Sé que debo hacer el intento de colocar uno solo de estos términos para que no genere un ruido entre verso y verso. Pero hendidura no es lo mismo que fisura. Pareciera que la pluma se reclina diferente al escribir esta palabra. Se hiende. Se aloja en algún rincón bien profundo de la carne, y desde allí grita, revuelta y contenida. Que alguien entre a este cuerpo con el mismo ritmo con que escribo, por hoy, la palabra hendidura.
Córdoba, 09 de diciembre de 2012 Escribir sobre Clarice hasta hartarme, si es que existe esa posibilidad. La imagen que persigo permanece oculta. Sin embargo, por momentos está ahí, frente a mi mirada. Cuando afino el lápiz para escribirla y entenderla, se hace noche. Clarice se hace oscuridad visible. Dolorosa tal vez. Por eso resta vislumbrar el camino que me devuelva el ojo altivo, contemplativo. Mientras tanto mateamos ambas en un domingo tramposo.
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