Hoy sábado me dije: un buen trozo de chocolate probablemente haga fluir mis ideas. Me lo merecía. Estaba escribiendo los antecedentes de mi proyecto de pregrado para aspirar a la Licenciatura de Letras. Necesitaba que mi cuerpo reaccione. No tanto mi cuerpo sino mis manos; necesitaba que ellas tomen conciencia del tiempo y escriban, de manera acaudalada. Que al menos los dedos hablen concisa y correctamente sobre el tema que compete. Chocolate de sábado por la tarde. Ricura.
Caracas, 25 de diciembre Nada más terapéutico que leer en las noches a Marguerite Duras. E mpiezo a entender que el amor también es un petirrojo que canta en la ventana con un escarabajo en su boca.
a los que todavía nos quedan varios años en la carrera, bueno, habrá que comprarse un estómago
ResponderEliminarGracias Pablo, te agrego entre mis links. Tu blog es muy interesante.
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