Caracas, 16 de septiembre de 2014. Consigo observar una foto tuya y algo me inquieta. ¿Será la luz en tus ojos? En los míos hubo siempre una llama devoradora de señales, pero nunca las viste. Solo consigo pensar en las cosas que nos hicieron daño y ahora ya no nos duelen: esa soledad al acostarnos uno al lado del otro, la inquietud de no saber si extender mi mano o quedarme quieta una vez más, el silencio que era grito incólume, hasta ese momento, porque luego fue una bocanada de humo rancio que nos agrietó. Miro tu foto y algo se mueve dentro, apenas un bosquejo de lo que fuiste para mí.
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Caracas, 09 de septiembre Ahora resulta que el sueño está dirigido a un punto impostergable, algo debe decirse para que el agua siga su curso, sin embargo, quien duerme envía a un mensajero que se pierde en el camino. Y todo vuelve a empezar: el cuerpo de la muchacha hace sombra en un costado de la cama, se revuelve su cabello, los ojos están extintos de tanta lumbre oscura. De pronto amanece y no se reconoce.
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Caracas, 03 de agosto “La noche en Caracas no cae, se declara” Frase que se la escuché a un señor que en general dice cosas que no me interesan, pero esto en particular, estas palabras, ayudan a que lo vea distinto, por primera vez. Me gusta cuando las personas me sorprenden, y obligan a que los mire por primera vez a los ojos y los descubra.
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Caracas, 08 de julio Sueño con una casa que no tiene apariencia de hogar y que permanece cerrada como féretro; abro la puerta y un río se desborda como precipicio. Siento miedo. Es la casa de mi abuela paterna, aunque ella no está sentada a la mesa, cebándome mate; tampoco escucho de fondo el sonido del televisor que de vez en cuando deja colar frases de alguna telenovela famosa.