Sentarme día tras día con las firmes ganas de escribir y que
nada suceda. La imagen está allí, pero sumida en una dulce oscuridad de la que
no quiere desprenderse.
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Caracas, 25 de diciembre Nada más terapéutico que leer en las noches a Marguerite Duras. E mpiezo a entender que el amor también es un petirrojo que canta en la ventana con un escarabajo en su boca.
Córdoba, 09 de diciembre de 2012 Escribir sobre Clarice hasta hartarme, si es que existe esa posibilidad. La imagen que persigo permanece oculta. Sin embargo, por momentos está ahí, frente a mi mirada. Cuando afino el lápiz para escribirla y entenderla, se hace noche. Clarice se hace oscuridad visible. Dolorosa tal vez. Por eso resta vislumbrar el camino que me devuelva el ojo altivo, contemplativo. Mientras tanto mateamos ambas en un domingo tramposo.
Caracas, 21 de diciembre Tengo un amigo que es de las pocas personas en el mundo que me regala libros. Siempre que llega con uno nuevo es mejor que el anterior. Pareciera que presintiera qué necesito para ese momento. Conoce los autores que me gustan, sabe qué libros me faltan de cada uno de ellos, a veces me sorprende la manera en que acierta cuando me hace regalos. Ayer llegó con un libro bajo la manga de Marguerite Duras, "El vicecónsul". Uno más para mi colección. En unos meses estaré regresando a Argentina y él sigue llenando mi equipaje de libros. En broma me decía: “voy a regalarte muchos libros así no puedes irte”. Y eso me causó tanta pero tanta ternura que bailamos salsa a “nuestra manera”, con esto quiero decir que hicimos el intento de bailarla, pero que es más la alegría del encuentro que de demostrar que somos bailarines profesionales. Al fin de cuentas, como le decía, nosotros sabemos leer y escribir. Y allí también se puede bailar.
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